la mañana violada sobre la cama con las cortinas flotando sobre ruidos de la calle
frío hospitalario de ventanas abiertas y el esqueleto de una casa invadida por el cambio
locutores radiofónicos usurpando la última paz
estrujando el corazón contra el principio del desperdicio, sobre la pelvis
la revolución de arrancarte la piel y maquillarte con portland
y tener la mente en blanco entre un sanguche de almohadas,
oir el secreto de los ácaros hasta captar su mensaje:
“vete”
y luego pensar “¿qué habrán querido decir?”
vete.
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