me encuentro en la juventud de mi madurez, es decir, de alguna forma soy adolescente. Adolezco.
mis deseos inconfesables no me dejan otra opción que tirar todo por la borda.
soy un fantasmas oculto en un pasadizo y mis sábanas el síntoma de un temor níveo y sin aliento.
salir a la luz de un nuevo segundo en el dolor de persistir resignado, parado frente al viento y su erosión lenta.
he acumulado suficientes horas de tedio como para ser un muerto seguro, de esos que no salpican ni sangre ni lágrimas ni tinta.
no espero las respuestas en el tiempo. ya me ha dicho que el siempre es ahora.
esta condena de dejarse atras sin olvidar
esta palabra sin garganta ni signo ni sonido
este paredón eterno que nos separa del sueño.
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