Divina justicia

Batman y Robin ganandose la vida como cantantes callejeros.

Y un día, Dios se acuerda de que había creado al mundo. Porque aunque parezca tan todopoderoso, Dios sufre de ausencias, lapsus y lagunas mentales. Es que, cuando creó el tiempo, creó el recuerdo, y con él, también inventó el olvido. Dios, que es la unica criatura no creada, cayó en la paradoja que implica al creador y su criatura en una relación de interdependencia. Así se debatía el demiurgo entre la soledad sempiterna y la caravana vertiginosa del convivir. Pero todo aquel que alguna vez habló con él, sabe que gusta de bajar disfrazado de paloma, que tiene oídos y que le encantan las historias.

Por lo tanto, para que las historias tengan sentido, Diós debió olvidar los finales. Es que toda esta intrincada cuestión de crear el tiempo lo había llevado a ver las faltas y ausencias como la clave de la vida. Por lo tanto, sin carencia no nace el amor, sin guerra no es posible construir la paz, y en fin, Dios estableció, basado en su experiencia de aburrimiento sempiterno y su embole sub especie aeternitatis, que la imperfección es el motor de la existencia; motivo por el cual los humanos nos equivocamos tanto, porque la vida es un candoroso ensayo acerca de la muerte cuya firma nunca logramos plasmar. Es Dios quien mete el gancho cuando ya llegamos a la última página y queda claro que es él quien siempre se lleva todos los lauros, siendo autor absoluto de todo lo que tuvo y tendrá lugar.

Pero con la justicia le pasa algo raro. 

Para no aburrirrse Dios inventa el error, que es una de las esencias de la existencia humana. Y el error se convierte en la base de la justicia, el principio de las leyes y de los abogados. Durante siglos, la humanidad estuvo sujeta a las leyes de los hombres.
Pero luego vino un tiempo en el que aparecieron los superhéroes, seres poderosos pero vulnerables, que podían ofrecernos un atajo a la Justicia. Actuaban en paralelo, haciendo aquellas cosas que los mortales no podrían.  Así, aceleraban todos los procesos judiciales y también evitaban crímenes. Llegó un momento en que la eficacia de los superhéroes era tan demoledora, que no existía el terrorismo, ni los crímenes; ni siquiera era posible realizar acciones de protesta, ni piquetes, ni rebelarse al statusquo. El hampa desapareció de un tirón de la tierra, pues en cuanto un malechor comenzaba una fechoría, aparecía un superhéroe para interrumpirlo, empaquetarlo y mandarlo de un puntinazo a otro sistema solar. 
Pero también había injusticias invisibles a los ojos de los superhéroes. Ellos estaban comprometidos con un estilo de vida un poco tonto. Creían que los malos eran solo los que ejecutaban la maldad como si fuera siempre una causa eficiente, una mano ejecutora. Entonces eran incapaces de ver los monopolios, la censura, la sobreexplotación, el trabajo infantil, la agresión contra el medioambiente; los superhéroes habían dejado al mundo indefenso frente a las multinacionales y  el planeta se encontraba realmente peor que antes.
Llegó el día en que Dios despertó de una de sus siestas (que para nosotros duran mas que una era geológica) y se dio cuenta que algo raro pasaba en una de sus creaciones predilectas: la eliminación de los conflictos aparentes por mano de los superhéroes había provocado el final de la historia.
Dios, que mas que un coleccionista de embalzamados es un jardinero, gusta de contemplar el devenir de sus creaciones; entonces, eliminó los superpoderes de los superhéroes y restituyó la vieja injusticia, mucho más armoniosa y dinámica, proveedora de conflicots, utopías y sueños, que son los que realmente nos hacen caminar por la vida.

¿Y los héroes? A los héroes los mandó a trabajar a la plaza, a sacarse fotos de la mano de niños aburridos que para no llorar les compraron globos que a las pocas horas estarán desinflados. También algunos terminaron trabajando en Trenes de la Alegría, teniendo que soportar a solteronas que les tocaban el bulto con el pretexto de que habían tomado sidra y estaban descontroladas; otros acabaron trabajando como taxi-boys, porque los homosexuales los veian enfundados en esos calzones que usan los superhéroes y les ofrecían cualquier cantidad de plata por un poco de sexo.  
 Así  fue que la era de los superhéroes terminó de una forma penosa.

Hoy nos toca el turno a los sub-héroes.

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