El boludo que se acordaba de todos los ruidos


-Ud. sufre de ecomnemes. Esas cosas que escucha Ud. solo son recuerdos que han quedado reverberando, por así decirlo, en su cabeza.

-¿Pero que dice? ¿que lo que entró por mis oídos sigue rebotando aquí adentro después de tantos años? Mire, cada tanto  escucho un tipo diciendo “¡Puje, puje!”, un bebé llorando y luego algo horrendo.

-¿Horrendo?

-Si. Unas mujeres cuchichean y dicen que “se parece a El Otro”.

Los recuerdos se van acumulando en su cabeza y poco a poco ya no puede escuchar la voz de su conciencia. Su mente es un batifondo, parece el ensayo de una orquesta juvenil de principantes en medio de una huelga céntrica. En su cabeza se mezcla todo: la risa de la mujer que amó, los ruidos de la fábrica donde trabajaba, un pesado del fútbol que siempre decía “pasala”, los disparos en las manifestaciones, los cubiertos apilándose de las pizzerías del centro, el bufido neumático de los colectivo. El tipo no aguanta más tanto ruido, deja de escucharse a sí mismo y pierde la conciencia de sí, la capacidad de reflexionar. Pero antes de volverse loco, se faja un tiro.Lamentablemente tiene la cabeza tan dura que la bala queda alojada adentro y queda medio tarado.

Asi que vive el resto de su vida de mierda con un sonido de disparo rebotando en la cavidad craneana.

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el secreto de los ácaros

la mañana violada sobre la cama con las cortinas flotando sobre ruidos de la calle
frío hospitalario de ventanas abiertas y el esqueleto de una casa invadida por el cambio
locutores radiofónicos usurpando la última paz
estrujando el corazón contra el principio del desperdicio, sobre la pelvis
la revolución de arrancarte la piel y maquillarte con portland
y tener la mente en blanco entre un sanguche de almohadas,
oir el secreto de los ácaros hasta captar su mensaje:
“vete”
y luego pensar “¿qué habrán querido decir?”
vete.

Que haremos?

Ah, el futuro.
Si tanto cuesta acomodar el pasado, que vive en los ambientes inmensos de la memoria, qué podríamos pensar del futuro, que es una mezcla de azar y error y, en menor medida, voluntades y sueños.
2010 fue un año bueno para mí, realicé varias cosas, evidentemente no están aquí, pero no fueron estos menesteres los que me tuvieron alejado de la publicación online; a veces siento que un blog es una gran pelotudez, sobre todo cuando no tiene ninguna finalidad, salvo que en los comentarios te digan “que lindo!” o “que forro”. Hace varios años, escribir y dibujar eran una necesidad incontrolable y tenía blog, publicaba en revistas, era una máquina plasmatoria (bah, no tanto), teniendo en cuenta que trabajaba en el mercado editorial; llegaba a casa del trabajo o el estudio y me ponía a dibujar, a escribir. Aquella mujer me cebaba un mate y en el cuartito de arriba, arsenal de creaciones, me quedaba por la noche viviendo la aventura de inventar sin ningún objeto, solo con el placer de hacerlo.
Luego vinieron tiempos de soledad absoluta, de confusión, de fiestas con globos y gordos roncos sentados en ronda, contando historias marginales; y ahí yo, la ñata contra el vidrio aunque estuviera del lado de adentro, un fernet en mano y sin poder hablar. Huyendo de la voz del interior (los del diario me perseguían por una deuda muy grande). Quería huir de esa conversación conmigo mismo porque necesitaba hablar con alguien. En esos momentos la vida se convierte en una road movie de retardados; cada charla era como una enseñanza de vida, con el aura mística de algo irrepetible que se encuentra en un camino, pero a poco de haber comenzado me daba cuenta que eramos un par de tontos echándole la culpa a algo o alguien, buscando un compañero para atravesar la noche sin estar tan solos. ¿Porqué mejor no nos íbamos a dormir? La diferencia entre estar un poco loco y tener miedo a la soledad es que tu verborragia rebota contra la pared o contra oídos sordos.
Empecé a querer recuperar la mañana. Volví a tener novias para amar. Me metía en cursos, conseguía trabajos. Pero no podía volver. Era como un fantasma con vacaciones, siempre al final me volvía a vestir de sábana; y en algún momento me hacía invisible y caminaba por el borde de las cosas, sin poder amar, ni participar, ni hacer. Y partir en silencio, pateando latas de RedBull entre el humo negro de los coches de Palermo, arando adoquines con música de fiesta.
Silbar en la vuelta, competirle al zorzal, caminar por el pasillo azul madrugada y las paredes descascaradas de tiempo hasta la puerta de lata de la vieja casa. Y desplomarme pensando si valía la pena estar muriendo así, con el yunque hundiendo el corazón en el pasado.
Luego empecé a comer cereales en el desayuno, a aprender a elegir frutas en la verdulería del boliviano, a dejar que las plantas de un vecino me invadan el patio. Estas cosas me hacen pensar que el futuro es posible. Dejé de pensar en pasado mañana. Ahora estoy mas con la onda de asado mañana. Hoy, verdura.
Parece que el 2011 es algo así como el futuro.

Santa Klaus, un tipo polémico

Si reflexionan acerca de como nació Papa Noel y  cómo se masificó hasta convertirse en símbolo de la navidad, sería natural que comiencen a alejar a sus seres queridos de esas creencias, iconografías y costumbres. La influencia de Papá Noel es nefasta en las relaciones humanas, y como ejemplo me quiero detener en el hecho fundamental de la navidad: los regalos. Los niños mas o menos inteligentes pueden averiguar cómo son los regalos de sus pares, coetáneos. Sería lógico que los chicos que reciben pocos regalos o no justamente los regalos que desean, piensen que los que tienen regalos más “deseados” (esto lo definen sus pares), hayan hecho mas méritos para recibirlos. O directamente, sean mejores, más queridos o más afortunados. La lógica de la meritocracia es muchas veces, lógica de opresión.
Luego, la idea de postergación, que evoca al mito de Tántalo: los niños que tienen el privilegio de recibir la visita de Papa Noel, verán los regalos bajo el pino, ese símbolo de la colonización ambiental. Tendran tiempo para ejercitar su imaginación, pero no podrán abrirlos hasta que los adultos lo decidan. Luego, en las casas de clase media, los regalos de la abuela serán calzones o medias, el invitado extrafamiliar o el tio amarrete,  no llevarán nada o aportarán una baratija de compromiso, como un llavero del hombre araña. Luego está el regalo grande, el esperado. En el caso del niño rico, sabe que va a recibir siempre lo que pide, por lo que su problema es el aburrimiento; ese tedio es una mezcla de omnipotencia con inconformismo que lo llevará a buscar el poder y tal vez a meterse en el mundo de la política.
Para el común de los niños, a medida que van creciendo, los regalos son más utilitarios. Y con el crecimiento viene la decepción: “eran los padres”. Los chicos detectan que los padres le regalan ese día cosas que tendrían que comprarle de alguna u otra manera, como calzado o útiles escolares. Esto desata un montón de sentimientos;  empieza la especulación infantil sobre las fechas y los feriados, y por lo tanto, crea un burócrata; también el niño puede devenir  un puber autodestructivo con riesgos de caer en la droga o ingresar a sectas; o directamente, un fruto negro del desamor, un empleado emo que terminará siendo abusado laboralmente  en lugares como McDonalds, y todo por haber tenido la sensibilidad de descubrir que ese mundo navideño no solo era una ilusión, sino un operativo de distracción y de ahorro y que al final de cuentas, fue, es y será una marioneta en una obra de otros, para otros.

En definitiva, la víctima de la navidad no puede dejar atrás esa angustia de la postergación y esa idea de medir afectos por el tamaño del regalo. Estas fechas imprimen fuertemente en el espíritu de los niños el esquema de pensamiento utilitario, la idea de mejores y peores y por tanto, el resentimiento o la perversión.

También podría cagarles los festejos de año nuevo con esta pregunta:

Sabemos a ciencia cierta que esta cambiando el año? que es un año? que es el tiempo?

Piensenlón para año nuevo.

Para ver mejor


Las alturas varían
según las circunstancias
y con ellas
la tortícolis moral.

El Chavo de hoy

la humedad fue al principio
la turgencia lacrimosa
de un milagro de cristal

cruje entre las grietas
hace frontera al andar

hay corazón en la fiesta
si el tiempo baila hasta el final

Omphalus

No habrá ningún santuario,
No habrá ningún lugar.
Desgranarás rosarios
sentado en el hangar.

Tirado en el suspiro
llamado inmensidad,
cuando te atrapa el aire
no intentes barrenar.

y si te volvés nadie
parate en un lugar,
decile a las palabras
que no sabes hablar

Callate en el silencio
el ruido no es verdad;
reíte en tu velorio,
tocame si no estás.